para teorías de géneros televisivos
En el número de junio de Comunicación y Sociedad (Vol. XXIII • Núm. 1 • 2010 • 121-152) publica Alberto Dafonte un estudio del concepto de género aplicado a televisión
La tradición sociológica debe ser la influencia originaria que lleva a Levin a reconocerlo como institución (recogido por los retóricos Wellek y y Warren 1981: 271). Sucesivas definiciones y reflexiones mantienen el género como comunicación entre el artista creador (los artistas en el caso audiovisual) y el público que reconoce cierta forma en una obra, más tarde imitada como modelo de producto introducido con éxito de público. En este punto se incorpora la definición industrial de género desde la obra de Altman (2000: 35): a la dimensión social añade la económica para facilitar el reconocimiento de la institución genérica. Esta segunda perspectiva, añadida a la perspectiva académica, son los enfoques que Dafonte encuentra para el tratamiento de géneros audiovisuales. Otros autores también distinguen entre los géneros de la crítica y los géneros aceptados por una cultura.
En cuanto a sus funciones, Alberto Dafonte distingue el papel del género como protocolo de recepción, para un tipo de producto audiovisual, y el género en cuanto estándar de producción. Ambos están relacionados ya que las convenciones consolidadas como código de unas piezas audiovisuales no facilitan interpretaciones alternativas, es decir, que el género fomenta y promociona una recepción determinada.
Si ampliamos la idea de recepción al horizonte de la hermenéutica (como hace Jauss y la estética de la recepción) se complica el compromiso industrial de satisfacer las expectativas del público. Desde la distancia estética del espectador caben toda una gradación de culminaciones que ninguna obra puede acertar exactamente. Un rito como ver una película en el salón de butacas, no solo refuerza los valores mostrados; también los cuestiona como espectáculo de masas, como discurso lineal sin matices presentes en la calle y en nuestro entorno.
Pero si reducimos las opciones de recepción a las producciones económica e industrialmente viables quedamos con el género de producción. Estandarizable y con una oferta fácilmente identificable por el espectador, en el momento de decidir entre los tipos más habituales de entretenimiento audiovisual. En el proceso de concentración y especialización que redujo la industria cinematográfica a las Majors se ensayó también un imponente esfuerzo publicitario para conducir a la audiencia a determinados artistas y obras; a asentar formas globales de visionado audiovisual, que casi universalmente se han reconocido hasta hoy como géneros.
La complicidad del público con la propuesta industrial depende de la estabilidad de cada cultura. En un periodo de transición entre culturas, o en una crisis, la necesidad intrínseca de innovación encerrada en la comunicación se muestra con toda su obscenidad en productos que pretenden romper con sus cánones y precedentes. En el caso literario, el género rompe sus moldes y lo ratifican los académicos. Sin embargo, los géneros televisivos han sido más bien definidos por la crítica a partir de la comparación y el análisis de ciertas obras.
El articulo continua analizando las peculiaridades y complejidad del medio televisivo. Coincido con el autor en el interés por mantener referencias estructurales más o menos profundas para catalogar y tratar contenidos audiovisuales independientemente de quienes finalmente realicen estos elencos y selecciones.


1 comentario
Alberto cae en la cuenta
23 jun 2010 | 11:44 AM
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