Me paro a pensar algunas citas de colegas sobre la investigación de la interacción o si se quiere sobre los estudios de usos y rutinas digitales en estos años. Usando blogger y tumblr como memoria, me quedo con algunas citas que hoy pongo en este orden:

¿Hasta dónde llega o cuáles son los límites para personalizar o domesticar una tecnología?

Pues me quedaría con las orientaciones en el último estudio de Mariano Cebrián donde dibuja una escala de interactividad que viene desplegando la televisión:

  • desde la respuesta a opciones previstas por el sistema, dentro del más clásico conductismo: sobreimpresión, zapeo, selección de canal y tarea...
  • a fases intermedias como el consumo a la carta o la incorporación de información del usuario en formularios o plataformas
  • hasta formas más constructivistas, como el diálogo e intercambio de información, generación de simulaciones, interacción con la publicidad, creación con herramientas de autor, exposición de obra personal en la plataforma o producciones virtuales en entornos aumentados, 3D etc.

Contando con la mayor facilidad o incluso libertad de uso de una tecnología podemos encontrarnos con respuestas sociales muy variadas.

¿Cómo se clasifican los usuarios por su nivel de actividad?

Li y Bernhoff decían en Groundswell, 2006 que la tipología de usuarios según la actividad va de los inactivos, a los espectadores, los ensambladores (que mantienen perfiles y comunicación en redes sociales), los recolectores (que sindican, votan, comentan o dialogan), los críticos (que editan blog o wiki, participan en foros, revisan productos o servicios)  y los creadores (de post, podcast, vídeo...). En esta relación de actividades hay como una gradación de herramientas, que con el paso del tiempo pueden subir o bajar en la escala de creatividad y aportación de valor.

¿Cómo nos hacemos miembros de redes o cómo las redes se nos meten dentro?

Según los teóricos de la domesticación (y los antropólogos anteriores de las prácticas cotidianas) por lo que acostumbramos a hacer, cada vez más con nuestras herramientas digitales estáticas y móviles.

Para delimitar unas fases en el proceso de adopción individual de usos y prácticas colectivas se suelen seguir las de la domesticación o personalización de cada tecnología: apropiación, objetivación e incorporación y conversión. Empezamos a usar muchas aplicaciones, pero mantenemos en uso, nos apropiamos, de menos.

Objetivamos al racionalizar un uso, situado ya en la agenda y apuntando la aplicación a unos objetivos concretos. Racionalizar e interiorizar se acercan. Cuando pasan a ser las prácticas de siempre (durante una temporada) se nos hacen transparentes o invisibles como dice M. Weiser, C. Cobo y otros.

Yo relaciono la conversión con la personalización. En el sentido de domesticar a mi gusto y manera. Pero además en cuanto dejamos nuestras improntas personales en los modos como domesticamos el correo, los blogs, etc. Y eso apoya o extiende usos más o menos reconocibles como cibergénero.