Esta es claramente una pregunta de científicos naturales. Luego vuelvo sobre nosotros los científicos sociales.

Primero sólo dar cuenta de un debate muy postmoderno, pero planteado por los otros científicos en los 90. Un artículo en el diario El País (enero, 1999) en el que John Horgan defiende su libro de 1990, El final de la ciencia. Parece que los investigadores entrevistados, ya en la madurez de sus carreras, coinciden en que no es probable un revolución por descubrimientos radicales, como los que marcaron los siglos modernos.

Uno de los principales contradictores de este texto, el físico y director de Nature durante 21 años, John Maddox contestó con la obra Lo que nos queda por descubrir, un elenco más bien técnico, pero que muestra una larga lista de interrogantes pendientes que comprometen el trabajo científico de los próximos años (comentario de Jorge Alcalde, reseñas breves sobre la obra en otro blog).

El artículo de Hogan replantea la pregunta como... ¿qué animaría el interés humano si no cupieran ya grandes descubrimientos? Reduciendo el tamaño de los avances científicos sigue minando la filosofía del progreso. Y aquí ya logra más consenso en que no todas las tradiciones valen, ni los fracasos pasados garantizan un mejor o más fácil futuro científico.

Sin cuestiones tan radicales como la deceleración o la deflacción científica, en la que pensaba estos días, encuentro una nueva nota, hacia la e Research ( de Adolfo Estalella) sobre si existe ciencia 2.0: ¿nuestras nuevas rutinas científicas tienen alcance científico y producen ciencia en sustitución de las notas y los matraces antiguos? En el libro hispano de 2004 sobre la eCiencia y en las redes ministeriales, se queja con razón Estalella, las sociales no figuran. No tiene mucho sentido desconocer que uno de los factores principales de la digitalización es la socialización. Lo 2.0 es hecho por más gente, no siempre especialista, para acortar plazos y encontrar soluciones. No está de más que caigamos en la cuenta que la investigación digital es interdisciplinar y colaborativa por definición o quedará en una simple migración de las instituciones anteriores a canales y soportes digitales. La iniciativa abierta por este grupo en la UOC y otras instituciones tiene seminarios hasta febrero y se abre a cualquier colaboración.

Al margen de cambios en la narración y en la comunicación científca, la convivencia entre científicos naturales y sociales se hace más necesaria para separar la impronta de cada institución en las investigaciones y avances, así como para abrir los objetivos industriales de muchas investigaciones hacia proyectos más sociales o menos viables en la financiación actual. Esos nuevos proyectos e investigaciones no pueden ser ya exclusivamente naturales ni sólo sociales y convendría que una ciudadanía cada vez más informada estableciera los objetivos y los plazos que desea invertir en beneficio común o atendiendo a lo que puede importante para un mayoría, tantas veces ignorada.