La dialéctica como forma de pensar se relaciona con métodos dialógicos, como los que desarrollan quienes siguen la tradición de los Diálogos de Platón (wikipedia.es relaciona ambos términos casi como sinónimos).

Platón puede ser de los primeros en darle a la conversación distintos niveles de discurso por resultado de la interacción de los interlocutores. Pero también considera que uno, Sócrates es el maestro, y otro el aprendiz que debe ser conducido en el diálogo hacia la forma ideal correcta, una verdad intelectual.

Con Hegel y sus continuadores, la visión de la Historia, de las culturas y del aprendizaje no es tan continua ni orientada. Hay épocas de salto y de ruptura, como se dan rechazos y revisiones de conceptos radicales en un periodo. Sin embargo pocos comparten que esta concepción evolutiva del discurso y de la cultura, dibuje esa linea recta del progreso con la que los modernistas representan la historia y las edades de la cultura, de la sociedad, etc.

Con los marxismos y otras críticas el proceso dialéctico no se considera determinado al progreso. También se dan involuciones, reacciones, revoluciones en todos los órdenes. En algunos textos marxianos la utopía de la dialéctica progresiva es más clara que otros fragmentos de madurez o vejez.

El principio que anima la reflexión dialéctica ha ido concretando su negatividad con ejemplos, frecuentes en la Historia, de pasos irracionales, de locuras colectivas. Esto lleva a que la antítesis dialéctica sea más visceral y emotiva de lo que en principio se planteaba como lógica del espíritu humano.

En comunicación se han propuesto modelos dialécticos por varios de los autores citados en las entradas anteriores. Algunos de estos modelos combinan planteamientos de la tradición platónico-hermenéutica con formas y actitudes más críticas.

También la semiótica o incluso métodos funcionalistas se utilizan para conocer la opinión pública silente, la desinformación y otras deficiencias de los sistemas sociales de comunicación ensayados desde antiguo.

Las versiones más moderadas se presentan simplemente como el momento evaluador, y crítico, en cualquier proceso de investigación o de reflexión que se quiera presentar como completo.

La diferencia entre el espíritu crítico convencional y el criticismo resulta más clara en los procedimiento dialécticos de reflexión; en definitiva, un planteamiento ingenuo o continuista de cualquier forma de reflexión precedente carece del cuestionamiento axiomático que postula la dialéctica crítica.