Leyendo trabajos de fin de máster repaso la teoría crítica del valor, en particular en Baudrillard.
En algunas interpretaciones de estos trabajos se buscan posibles sentidos del consumo. El alumnado trae expresiones críticas, pero tiene más asumidos principios mercantiles: a la mercancías se le atribuye en primer lugar el valor de uso. Hay un acuerdo inicial en que las cosas valen según sus funciones.
Relacionado aparece el valor de cambio, también de un modo muy extendido, identificado con el precio. El valor económico es lo que estamos dispuestos a pagar. Ahora querríamos que las cosas valieran menos, pero nos sometemos y pagamos lo que nos pidan. Hasta aquí la sociedad de consumo criticada por el marxismo no se basa en conceptos muy distintos de los padres liberales del mercado.
Situando el valor de uso en su contexto, como pide Baudrillard, el consumo no es natural por las propiedades de cada objeto. Es más bien epocal; en cada periodo tiene unos matices sociales e ideológicos propios que lo distinguen de otras épocas (1991: 52).
Esta lógica del valor simbólico de los objetos sólo se pone en marcha tras el intercambio, pero va más allá del precio. Las cosas adquieren un nombre y un sentido propio en cada contexto social. Cuando hacemos investigaciones delimitadas en un tiempo y espacio nos estamos preguntando por la semiósis que realizan quienes utilizan esos nombres.
Siguiendo con el esquema estructuralista, completa el cuadrante Baudrillard con el valor signo que completa la teoría compartida con otros autores sobre la hiperrealidad que sustituye con simulacros experiencias directas que pudieran alcanzar un valor simbólico para un grupo o individuo. La marca es el paradigma del valor de signo de unos objetos. Importa más el tenerlos que los objetos mismos (1991: 54). Los objetos en su relación con otros delimitan el nivel social y de sentidos que adquieren. Algo que podía tener antes un valor útil o económico queda simplemente como artículo de consumo cuando prevalece el valor de signo. En este sentido podría situarse el coleccionismo.
El esquema de Baudrillard debería ser ampliado con el desarrollo actual del conservacionismo, queremos conservar los objetos por una atribución de un valor "natural" de las cosas más allá del valor funcional de uso. Sólo por lo que sirven quizá no las conservaríamos. Cuando queremos que den de sí todo lo que puedan estamos probablemente reflejando, al menos en parte, cierto valor simbólico extendido y considerado políticamente correcto durante un tiempo.
Enlaces relacionados:
fases o niveles de una investigación
interpretación y tipos de lectura
Baudrillard, Jean. Crítica de la economía política del signo. México: Siglo XXI, 1991.
Si queremos dejar de lado los grandes enfoques para partir de nuestras formas personales de trabajar (llegar a la teoría desde la metodología) podemos seguir también unas intuiciones más conciliadoras, 

